Hoy, 20 de marzo, es el Día Internacional de la Felicidad. La Asamblea General de la ONU quiere recordar con el establecimiento de esta jornada, que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental.
Felicidad: estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Satisfacción, gusto, contento. Suerte feliz. Un estado de ánimo no es simplemente una situación emocional. Es una forma de permanecer, de estar, con una duración prolongada y que tiene mucha influencia en todo el funcionamiento de nuestra psique. De una forma natural, adaptativa diría yo, la mayoría de las personas actuamos en la vida persiguiendo ese estado “bioquímico y metafísico” que es la felicidad.
Las endorfinas, unas hormonas que segrega nuestro organismo a nivel cerebral, se encargan de regular ese estado de ánimo. La actividad física, la alimentación, el descanso, la luz del sol,…., ayudan a que las endorfinas estén en el nivel óptimo
Muchas veces tenemos la creencia de que los bienes materiales nos aportan un estado felicidad. Pero esa ” felicidad” está mal entendida, es superficial y momentánea. La cultura, la publicidad, la dinámica de la sociedad consumista en general, nos lleva a falsear e ilusionarnos por unos patrones de felicidad no reales. La felicidad está más allá de los bienes materiales. Está dentro de nosotros…, hay que buscarla y hacer que salga, sin miedo.
Durante siglos, la religión y la cultura se han encargado de hacernos creer que detrás del sufrimiento está la perfección y la calidad humana. Hay que romper con esta creencia. Ser felices no es pecado. La felicidad se contagia. Las personas felices de verdad transmiten su estado a sus semejantes, a las personas que tienen a su alrededor. No hay que romper la cadena. Ser felices nunca nos tiene que crear ningún tipo de remordimiento. El mundo necesita de personas felices como nosotros.
Situación actual
Los tiempos están cambiando, y hay que adaptarse. Zygmunt Barman, filósofo y pensador de origen polaco, comenta en su último libro “Sobre la educación en un mundo líquido” que para la generación de jóvenes que desde 2008 debe enfrentarse a la crisis, la luz está envuelta en tinieblas, no se vislumbra con claridad la salida. La “cultura líquida moderna” ya no es una cultura de aprendizaje, es, sobre todo, una “cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”. Una sociedad en la que, pese a los muchos motivos de preocupación, no cabe caer en la desesperación. Volveremos a ser felices. El ser humano tiene esa facilidad de adaptación.
La memoria del ser humano, en muchas ocasiones, acaba borrando de su parte consciente los momentos tristes, de incertidumbre o desasosiego, de infelicidad. Pero ahí permanecen esas sensaciones, en la profundidad del subconsciente, aflorando en el momento más inesperado. Hay que saber interpretar esos pensamientos y sensaciones negativas, que se nos apoderan de vez en cuando, y buscar formas de dominarlos. Eso nos hará felices.
Vamos a celebrar el Día Internacional de la Felicidad por todo lo alto. Si queremos ser felices, lo conseguiremos. Que fluya la felicidad!
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